EnglishPortugueseSpanish

VICTIMIDIACIÓN (PACHECO, CID. 1991)

VICTIMIDIACIÓN
Resumen de la conferencia en el Centro de Filosofía y Ciencias Humanas de la Universidad Federal de Rio de Janeiro, en el forum preparatorio del 7º Simposio Internacional de Victimologia a ser realizada en Rio de Janeiro, del 25 al 30 de Agosto de 1991.

Cid Pacheco
Consultor y profesor de la Escuela de Comunicación de la
Universidad Federal de Rio de Janeiro

VICTIMIDIACIÓN

Un hecho relevante en la cultura contemporánea, en casi todo el mundo, es la presencia – francamente obsesiva – de la violencia en la media. Ubicua, destacada, repetitiva, banal, explicita, casi obscena a veces; la violencia se reitera en el noticiero y se exacerba en el espectáculo. Así, la violencia institucionalizada en la media, institucionaliza a victimización en la sociedad.

Escogiendo las palabras.

Victima es una palabra que viene del latín y significa ente sacrificado. Etimología desconocida (Bouffatigue y Debrieu). Giraud se omite. El diccionario Aurelio, de lengua portuguesa, registra ocho significados, entre los cuales destaco: “todo lo que sufre cualquier daño”.

En los principales léxicos vernáculos se encuentra Victimación y no Victimización. No obstante lo adopto, porque hallo que el sufijo –izar favorece e significo de sistema, estado en que el fenómeno se presenta en la realidad social: un proceso de variables múltiples en interacción dinámica y en permanente auto-realimentación. Victimología es un termino creado en 1948 por Mendelsohn para designar ese nuevo campo disciplinar, tan amplio como contemporáneo. Podemos, pues, hacer aquí la convención de que: victima es el objeto; victimación/victimización es el proceso; y victimología es el saber, la ciencia.

Por fin, dejo prevalecer mi condición de publicitario y no resisto a la tentación de un neologismo “creativo” – victimediación, que pretende describir el universo interactivo del tema: la victima y la media.

La tortuosa relación victima/verdugo.    

Cuando observamos la media, para en ella definir el lugar y el papel de la victima, enseguida descubrimos lo obvio: la victima nunca esta sola. La entidad que se presenta es una dicotomía: la victima y su verdugo, en complementación absoluta. No hay prácticamente, victima sin verdugo y viceversa. Es la eterna presencia del maniqueísmo fundamental: bien/mal, cowboy/bandido, o en parámetros pos-modernos, Batman/Jockey.

Hay en la media una especie de sabiduría intuitiva: el receptor, aparentemente, se interesa más por el combate que por los combatientes. El centro del espectáculo no son los protagonistas, victima y verdugo, sino su confrontación: victima versus verdugo.

Por el contrario, la naturaleza de esa dicotomía eterna es de infinita complejidad y absoluta irresolución. Se discute hace milenios y no se llegó hasta hoy a ninguna conclusión. Tal vez porque ella sea la oposición esencial, el antagonismo primario.

La victima como producto.

Hay consenso y notoriedad en que “la violencia vende”, en el sentido de que la temática de la violencia amplía los lectores/audiencia, y promueve la venta directa al público: de periódicos y revistas, en los puestos de venta; de butacas, en las billeterías de cines y teatro; de libros en las librerías, etc. Promueve aún, la venta indirecta por la formación de altas audiencias, que no pagan, en el caso de radio y tv, pero cuyo volumen va a ser fundamental para promover la venta de espacios/tiempo publicitario para los anunciantes.

La violencia, entre tanto, no es una abstracción. Ella se concretiza en la “producción” de la victima. Veron tiene escritos conclusivos sobre la “construcción” de la victimización en los noticieros.

La conclusión importante es que la óptica de marketing científico, permite conceptuar el conjunto violencia/victima/ victimización como producto.

En rigor teórico (y en la practica también) ese concepto de “producto” no excluye ni subestima los aspectos sociales agregados – éticos, jurídicos, políticos, etc. Por el contrario, la victimización solo se constituye en “producto total” cuando tomamos en consideración los principales vectores que converge en la ocurrencia de la victima, y también, algunos de los que originan en ella.

O sea, la victimización, en cuanto proceso/producto, incorpora las causa y los efectos de la producción de la victima, y es, e antes y el después del producto, como acontece en cualquier otro proceso mercadológico.

Siempre analógicamente, se puede decir que la comunicación producida por la victimización ejerce función de promoción (Promotion) de la violencia. O sea, la divulgación esta para la victimización como la propaganda esta para el producto de consumo convencional.

Categorías de victimización en la media.

Desde el punto de vista adoptado aquí, comenzamos por constatar que las medias, al lidiar con la victimización, se diferencian en tres categorías generales: la de la noticia, la de la literatura, y la de la propaganda.

Condicionados por las palabras, no vamos a permitir que ellas restrinjan campos que preferimos amplios.

Así:

Por noticia, entendemos todo el periodismo primordial (news) impreso o electrónico.

Por literatura, entendemos todo el universo de la ficción, que va del teatro clásico hasta las HQ (muñequitos), privilegiándose, obviamente, las formas masificadas: best-seller, el gran cine, novelas en la televisión (soap opera) etc.

Por propaganda, entendemos el mundo calidoscopio y omnipresente de la comunicación-para- el-mercado, y no apenas el advertising, pero todo el compuesto de comunicación (mix), función relevante del marketing.

Utilizando este artificio de observación al servicio de lo analítico, vamos a percibir, con nitidez, que la victimización es enfocada diferencialmente en aquellas tres categorías o posiciones.

Victimización: el núcleo de la noticia.

En las noticias de los periódicos, del radio y la televisión que la victimización aparece con el máximo de destaque. (Estoy tentado a decir exacerbación). Lo que es natural: al final la esencia de la noticia es el conflicto, y la resolución de todo conflicto produce necesariamente una victima (lato sensu), o sea: “algo que sufre algún daño”.

Así que podemos decir que el noticiero es la “crónica de la victima” y es el registro publico del cotidiano de la victimización para fines sociales.

Entre estos fines que son múltiples, se resalta la psico-higiene colectiva: el noticiero de la victimización tiene reconocidísimo papel catártico.

Como consecuencia mercadológica imperativa de esos hechos, la victimización es uno de los “productos” que la media de la noticia (periódica, impresa y electrónica) “vende”. O mas exactamente, la victimización es factor importante en la captación de lectores/audiencia macro dimensionado que viabilizan las ventas en bancas, por asignatura y de propaganda, en escala, las cuales constituyen la base económica de las medias; y de su independencia, dígase en los países en que existe libertad de noticias.

Sobre tal óptica, puede haber exageración pero no impropiedad, en la idea bastante difundida de que las medias “explotan” las victimas, el cadáver, la sangre, etc. Lo que se acentúa en los noticieros chamados de “populares”, en los cuales predominan las noticias policiales (hecho exhaustivamente mensurado por técnicas estadísticas).

La estética de la victimización.

Al nivel de las letras, lato sensu, aquí significando todo el vastísimo continente de la Prosa y el Verso, y también el de las “artes de espectáculos” – teatro, opera, etc.- resaltándose, es obvio, sus formatos contemporáneos, chamados de “industriales”-cine, radio y televisión- la victimización se convierte en tema dominante, sino esencial. El enredo básico es con frecuencia, una situación de victimización. Drama, comedia, o mismo una comedia ( y aquí con la particular crueldad del genero) historia de victima/verdugo están casi siempre en el centro de la fábula, o adyacente a ella. Además, siempre estuvieron, desde el inicio de los mitos ancestrales o de la tragedia griega clásica.

La diferencia es que en este nivel, artístico-literario, se crea una estética de la victimización, se idealiza, asume naturaleza y papeles simbólicos. Sobre todo la victimización, en este caso es asumida explícitamente como catarsis. El publico se “purifica” y se “protege”, a través de mecanismos sicológicos de proyección, transferencia, etc. Todos ampliamente conocidos y estudiados.

También aquí, obviamente, se comercializa la victimización. “Se vende” la triste suerte de la victima, todas las noches en el escenario del teatro, o en cinco sesiones por día en el cine, o en el horario estelar en la tv. La diferencia es que en ambas pantallas, la enormidad de las ventas llega a la casa de los nueve dígitos: ¡millones de espectadores y billones de cruzados!

La amnesia de la victimización.

Cuando entramos en el mundo de la propaganda y el marketing, obviamente, de forma deliberada entramos en la tierra del placer.

La propaganda es rigurosamente regida por el principio del placer, lato sensu. Cuando no se comprende eso estamos en el amateurismo. Publicitarios son, ironía aparte, profesionales del placer.

Acostumbro bromear con los principiantes que por mi pasan, diciéndoles que como futuros publicitarios, ellos estarán irremediablemente condenados al optimismo. (¿Será realmente una broma?).

En el universo de la propaganda, la victimización es deliberadamente omitida o enmascarada, atenuada, “sublimizada”, etc.

“En ella predominan la victoria y el victorioso, o “archivement” y el “archiever”, o sea, el Eros gana siempre y Tanatos es maldecido; permanece fuera, indeseable, perturbador, feo, ridículo, pesado, vulgar, etc.

Anuncio versus noticia.

Con relación a la victima, propaganda y noticia son oposiciones dialécticas; diametralmente opuestas.

La propaganda es biófila, es eufórica en términos más que exagerados, exacerbados: ¡Viva la vida! La victima es mantenida fuera del encuadramiento publicitario. Dentro, solo el verdugo, siempre que sea bello, joven, bien sucedido,- y que nunca se presente explícitamente como tal, o manifieste conciencia de serlo, o que nunca levante el problema abiertamente.

Se puede decir que, en la propaganda, predomina el “wishful thinking” – pensamiento propiciatorio positivo. No se invoca el mal y por tanto, la victimización no se constituye en asunto. Ocurre apenas como un artificio retórico para dar más fuerza a la promesa de solución, necesariamente optimista.

Se asume, implícitamente, que la victima es un objeto temático desagradable y se omite. Evitar lo negativo es el dogma central de la propaganda.

La noticia periodística, al contrario, destaca la victimización en términos exagerados: “se muere demás en los noticieros”, observa Kientz. Victima y verdugo son, pendularmente, los héroes de la noticia. En un momento uno, en otro momento otro, predominan en la simpatía del público, en mórbida dialéctica.

Puede decirse que en el periodismo, la noticia convive sin mayor incomodidad, con lo negativo y hasta con lo mórbido, como ocurre nítidamente con los periódicos llamados de “populares”: “la buena noticia es la mala noticia”, dice un famoso aforismo. La victimización es inherente al noticiero. La victima es la noticia. Ocultarla es el pecado mortal del periodista.

Así, periodismo y propaganda se constituyen en deformaciones opuestas de la realidad, no obstante ambas existan para satisfacer demandas sociales nítidas, especificas y explicitas.

La realidad, esa mejor se sitúa en lo campos propios de la filosofía y las ciencias, y del cotidiano de la vida, por tanto, estafuela del interés especifico de nuestro panel.

La masificación de la catarsis.

La simbiosis victima/noticia gana lógica, coherencia y naturalidad por el hecho de que el espectáculo de la victimización desempeña un importante papel social de catarsis colectiva, a través de de mecanismos de proyección, transferencia, etc., a nivel del inconsciente.

Lo que le ocurre a la victima, le ocurre a otro, no a mí, y eso exorciza el mal, me protege y me alivia de la angustia. El mal del otro es un talismán, un “breve”, que me defiende del mal a mí.

Es una ingenuidad restrictiva y desinformada atribuir apenas a manipulaciones mercadológicas el interés extraordinario y la atracción irresistible que el público demuestra por la victimización en la media, bajo cualquier formato: noticia, entretenimiento, escándalo, da lo mismo. Las raíces de esta fascinación son intensas, profundísimas, instintivas.

La victima y su público.

Cualquier estudio de la victima en la media será un caso particular de un fenómeno mayor: la relación victima/público, y es victimización/sociedad.

La media actúa en interfase con el proceso. Registra el hecho y con eso lo realimenta, pero ciertamente, no lo produce.

Un error metodológico grave será, siempre, el de idealizar el público como “encarnación de la inocencia manipulada por la media”. Hay una obvia “complicidad” del público, hoy muy bien estudiada y pacíficamente aceptada en el tope del sistema.

Para solo citar los que explicitan el concepto, Eco, Baudrillard, Balandier, Schwartzenbeg, Lazarsfeld, y en el Brasil, Da Matta e Menna Barreto tienen paginas muy esclarecedoras al respecto.

Aspecto importante del problema es la ambigüedad del juzgamiento de la victima por el público. Cualquier estudioso u observador atento y bien informado, percibe cuan imprecisas, gaseosas e hipócritas son las líneas divisorias entre aprobación y rechazo, admiración y repulsa, amor y odio, del binomio victima/verdugo en el corazón y la mente del grande público.

El Brasil posee un literato que fue maestro incuestionable en la creación de personajes y circunstancias que tratan dramáticamente de esa ambigüedad: Nelson Rodrigues. Frases suyas como: “ …y ahí el dice, con su autoridad de victima” o “ la multitud ama el tiro, no ama el perdón”, colocan, mejor que la cristalización científica, la capacidad de continuamente cambiar de lado, típica de ese fenómeno psico-social.

El terrorismo contemporáneo que está generando una grande masa de análisis científica y académica, evidencia la ambigüedad del público, siempre irresoluto entre el deber etico-social de apoyar la victima y el placer instintivo-personal de admirar el verdugo, o mejor, el ganador.

Cuando, al final de la película, la victima se venga del verdugo y consigue, por fin, derrotarlo, el público se conmueve y aplaude.

Fue pacificada su disonancia, y la audiencia puede ahora, sin peso de conciencia, saludar la ex-victima, el nuevo verdugo socialmente reconocido. Y aunque veamos el “ The End” en la pantalla, estamos seguros de que la victimización va a continuar en la vida.

Es solo aguardar el próximo capitulo.

./.

Increva-se

Pesquisa

Professor Marcelo Serpa
Escola de Comunicação da UFRJ
Campus Praia Vermelha
Palácio Universitário

Tel.: +55 21 98275-5555
E-Mail: marcelo.serpa@eco.ufrj.br
                        serpa.br@gmail.com

Como chegar à

© 1997-2020 Marcelo Serpa - MS Comunicação. Todos os direitos reservados

Developed by D4W