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Elecciones Espectaculares En América Latina: el caso de Venezuela (Marcelo Serpa, 2011)

(ARTIGO)

ALICE – Asociación Latinoamericana de Investigadores de Campañas Electorales
II Congreso Internacional en Comunicación Política y Estrategia de Campaña
Comunicación Política en Proceso de Cambio
Mesa 11: La Espectacularización de la Política
ELECCIONES ESPECTACULARES EN AMÉRICA LATINA: el caso de Venezuela.
Marcelo SERPA, D.Sc.[1]
 
RESUMEN / ABSTRACT
Describe la historia de un país, de su construcción democrática y de la conquista por su líder, Hugo Chávez, hace más de una década venciendo a las elecciones y referendos venezolanos. Investiga la relativización de la importancia del discurso político en los procesos electorales contemporáneos. Y la espectacularización de las elecciones latinoamericanas. La visión del marketing político es, por su naturaleza, “despolitizada”, pero llena del glamour inherente a la sociedad de consumo, donde el político es un “producto” a ser elegido como parte integrante del proceso electoral de masa. Las cuestiones centrales que el artículo aborda merecen debate, el principal de ellos relacionado con la naturaleza y el futuro de la democracia en las sociedades de masas en que vivimos.
PALABRAS-CLAVE: comunicación; política; elección; espectáculo; América Latina; Venezuela.
 
1. INTRODUCCIÓN
En julio de 2012, el “I Congreso Internacional en Comunicación Política y Estrategia de Campaña” de la ALICE – Asociación Latinoamericana de Investigadores de Campañas Electorales, en su presentación general describía los sucesos de la última década en el campo político electoral:
En la última década hemos asistido a un cambio radical en la concepción sobre las estrategias de comunicación en el ámbito de la política; y a una nueva forma de diseñar y de poner en práctica las campañas electorales por parte de los partidos. Este giro se ha traducido en la adopción de modelos sustentados en nuevas formas de comunicación, en nuevos tipos de mensajes, y en la incorporación de un conjunto de técnicas para conocer cada vez más y mejor los públicos, y su reacción ante los discursos generados por los políticos, los partidos y los propios medios. En este escenario se enmarca el I Congreso Internacional en Comunicación Política y Estrategias de Campaña, que tiene como eje central dos de los fenómenos más interesantes de los últimos años en el campo de la planificación y gestión de la comunicación en campaña: el líder como factor de voto y la centralidad cada vez mayor de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación.
Esta presentación inspiró la mesa Elección y Espectáculo que reunió siete ponencias describiendo el proceso de la espectacularización en Europa y en la América Latina. Entre ellas, “Elecciones espectaculares en América Latina: ¿Cómo la política ha abierto” espacio para el espectáculo en el discurso electoral contemporáneo?” examinaba el caso de la Venezuela chavista. Desde entonces, mucha cosa cambió en Venezuela, con la muerte del presidente y el inicio del chavismo sin Chávez.
“Elecciones Espectaculares en América Latina: el caso de Venezuela” actualiza su “homónimo” de 2012 y incluye una mirada a las elecciones chavistas pos noviembre de 2012, tanto para gobernadores, como la presidencial, y las preparaciones para las municipales en diciembre de 2013.
Cuestionaba: ¿El discurso político estaría viviendo sus días de desvalorización dejando de ser la fuerza más relevante del proceso electoral contemporáneo? ¿Estaríamos asistiendo a una eventual disminución de la importancia del discurso politizado? La hipótesis básica es que sí: en una sociedad de masas con orientación democrática, que elige a sus gobernantes a través del voto universal, donde todo ciudadano decide su voto, el proceso electoral es conducido predominantemente por el discurso despolitizado y seductor, tendiendo a imponerse la óptica del espectáculo, o de la espectacularización. Expresiones como “despolitización” del discurso electoral o discurso “despolitizado”, lejos de indicar la posibilidad de un discurso que no sea político (ya que partimos de la idea de que el discurso es siempre político y de que las ideas en él contenidas expresan una mayor o menor consciencia social colectiva), señalan una expresión electoral direccionada políticamente de manera tal que, eventualmente, se busca menos la conscientización y más la seducción del elector, por medio de la empatía con el candidato que siempre se posiciona políticamente, aunque sea de manera encubierta por la estrategia publicitaria adoptada, revelando una práctica de disolución del viejo discurso político tradicional en una nueva forma contemporánea de discurso, mediatizada y espectacularizada, que actualmente se observa en las elecciones. La expresión espectáculo (del latín spetaculum) se refiere a un conjunto de cosas o de hechos pasibles de provocar y de mantener la atención de los asistentes, presentados a la mirada del público, como festividades, ceremonias, diferentes entretenimientos. Ya en la década de 1920 este término aparece en el pensamiento alemán. Y en la década de 1960, se populariza por medio del pensamiento del crítico marxista Guy Debord. (MARCONDES FILHO, 2009, p. 126).
No es una novedad señalar que la política cambió de estrategia en busca del voto y de la conquista electoral: la moda es la seducción, y la estrategia vigente es agregar simpatía, calidez y competencia a la imagen de los políticos: un intento por otorgar un atractivo emocional a la imagen del candidato, volviendo más “festiva” la contienda electoral. En este proceso, la sonrisa sobria, la apariencia relajada, el discurso imaginativo, distendido, elegante y con humor, gana cada vez más espacio: es lo que se llama “política-seducción”, “política-publicidad” o “política-espectáculo”.
El fenómeno no es exclusivamente latinoamericano o brasilero. La estrategia es relativamente universal y actual, se inicia en los años 1950, en los Estados Unidos, donde se comienzan a utilizar las técnicas de la publicidad, del marketing, de la investigación motivacional, de los medios de comunicación, de la Psicología Social y de otras disciplinas, en la construcción y administración del proceso electoral, como forma de dar cierta cientificidad y carácter multidisciplinario a la política y a las elecciones. En aquella misma época surgió en Europa la psefología[2], estudio estadístico-científico de las elecciones, es decir, la tecnología electoral. Se Concibe como parte de la ciencia política que se dedica al estudio y análisis estadístico de las elecciones, a través de la utilización de datos históricos electorales zonales, encuestas de opinión pública, informaciones financieras de campañas, datos contables – estadísticos y otras áreas similares. A partir de entonces, la práctica se extendió por casi todo el planeta.
Sólo para citar algunos ejemplos: en los Estados Unidos, Nixon fue derrotado por Kennedy que se beneficiara con la nueva estrategia (1960)[3], diferenciándose de la táctica de Nixon, que ganó las elecciones siguientes (1968 e 1972)[4]; en Francia, el Mitterand, repetidamente derrotado en la segunda vuelta (1965 e 1972)[5], se distingue del Mitterand, que venció en 1981[6]; en Brasil el “Lulinha paz y amor” que asumió la presidencia por dos veces consecutivas (2002 y 2006)[7], e hizo su sucesora – a la primera mujer presidente de Brasil (2010), no se asemeja al “viejo sapo barbudo”, de las derrotas electorales anteriores (1989, 1994 y 1998)[8].
En Brasil, esta estrategia se aplicó tempranamente, en 1954, año del suicidio del presidente Getulio Vargas, en la disputa por la Prefectura de Belo Horizonte, entre Amintas de Barros y Celso Azevedo – el primero, del PSD (Partido Social Democrático), considerado imbatible, candidato apoyado por Vargas y Kubitscheck (en esa época Gobernador de Minas Gerais, en plena gloria), y el segundo, un joven ingeniero de 40 años, desconocido, que se presentaba por la UDN (Unión Democrática Nacional), con el apoyo de un pequeño partido, el PDC (Partido Democrático Cristiano). Venció el novato Celso Azevedo, con João Moacyr de Medeiros, como jefe de la campaña, titular de la JMM Publicidad, a pedido de Magalhães Pinto, amigo del candidato vencedor – pero esa es otra historia[9].
Desde entonces, vinieron otras tantas, como las elecciones de Arthur da Távola (Senado RJ), Moreira Franco (Gobierno RJ), César Maia (Prefectura RJ), Anthony y Rosinha Garotinho (Gobierno RJ), sólo en el ámbito de los casos estudiados por el Núcleo de Marketing de la Escuela de Comunicación de la UFRJ (NUMARK). Sin embargo, los ejemplos más patentes de esa “política-espectáculo” y de la influencia de los medios de comunicación, de la “política-publicidad” y del impulso de la “política-seducción” en la elección brasilera, están en las elecciones de los últimos presidentes electos de Brasil: Collor (1989); FHC (1994 y 1998); Lula (2002 y 2006), y Dilma (2010). Se agrega a la lista, sólo para incluir a América del Norte, el caso reciente de la elección de Barack Obama (2008)[10] : En todos esos casos ejemplificados parece que el discurso publicitario invadió la “arena” de la política. Y, en América Latina, en el caso específico de Venezuela, la adopción de la estrategia está latente, observada por medio del análisis de las elecciones, culminando en los referendos revocatorios y constitucionales, que buscaron consolidar la popularidad de su actual presidente, Hugo Rafael Chávez Frias (1998, 1999, 2000, 2004, 2006, 2007, 2009, 2010)[11] .
Sin embargo, este avance de la publicidad sobre la “arena” de la política generó desconcierto o, por lo menos, dudas: ¿Esa opción resultaría en éxito o en riesgos importantes a la vida nacional de aquellos países? ¿La “política-espectáculo” estaría ocultando problemas de fondo, sustituyendo la proposición de programas por el charme de la personalidad de personas políticas? ¿O, entorpeciendo la capacidad de raciocinio y de examen de los electores, en provecho de reacciones emocionales y sentimientos irracionales de atracción y empatía? ¿Esta tendencia estaría transformando los contenidos de la vida política para alcanzar nuevos electorados de masas con discursos políticos que tiendan a amortiguar los aspectos más controvertidos de sus programas y a procurar una plataforma placentera, satisfactoria para casi todos? ¿Se estaría en presencia de un proceso de uniformización y de neutralización del discurso político, articulado para liquidar a la política y resucitar al despotismo? Estas son algunas de las inquietudes expresadas de manera más o menos marcada y frecuente, por una gran variedad de sectores sociales, comenzando – seguramente – por los políticos y electores y pasando por muchos otros sectores interesados e involucrados como los comunicadores, periodistas, artistas, juristas, sociólogos, antropólogos, o sea, “todo el mundo”, dado que la política y las elecciones implican prácticamente a la sociedad en su conjunto. De allí, la intensa crisis de carácter político-electoral que moviliza la atención de varios sectores de la sociedad y que la vuelve un asunto preferencial de los medios de comunicación brasileros e internacionales.
2. ELECCIONES HOY
La elecciones contemporáneas son, entonces, analizadas y consideradas bajo la óptica de la comunicación. Los comunicadores quieren llegar a un público-meta que exhibe una demanda social, en función de los objetivos del cliente, el candidato. Todo debe orientarse hacia el núcleo de intereses y proposiciones preexistentes en el público-meta. ¿Pero, si las acciones sustantivas y de comunicación se destinan al llamado público-meta, quien es él? ¿Y, qué demanda, en qué momento y con qué intensidad? Las respuestas a esas y otras cuestiones cruciales, que orientan las elecciones modernas, son objeto de investigaciones. ¿Quién es el elector? ¿Qué piensa sobre el candidato y sus adversarios? ¿Hay rechazo o empatía? ¿En qué grado? ¿Qué propuestas y discursos quiere oir? ¿Cuándo y dónde? ¿Cómo evolucionó la intención de voto?
En este contexto, los estudios pueden indicar los ajustes necesarios sobre los gestos, las palabras y las propuestas de un candidato para que sean percibidos por el elector exactamente como le conviene a su imagen y estrategia. De esta manera, la investigación comienza a ser imprescindible, como primer paso de una campaña competente que busca mejorar la percepción de la imagen del candidato en el público-meta. Por eso, muchos candidatos destacados hacen estudios, atribuyéndoles un valor fundamental en la orientación de sus campañas exitosas[12]. Sin embargo, no se trata de salir por ahí haciendo preguntas. Resulta necesaria la orientación técnica y segura para saber qué y cómo preguntar, para leer e interpretar correctamente las respuestas y para no desperdiciar recursos en informaciones inútiles o mal interpretadas. En la comunicación persuasiva pesa más el receptor que el emisor. La expresión: “Lo importante no es lo que se dice, sino lo que el otro entiende”, es enseñada por el Profesor Cid Pacheco desde hace años. De hecho, importa menos quien es el candidato, que como lo ve el elector, juzga y cree que él es . O sea, lo que importa es cómo es percibido el candidato por el elector. El candidato es un núcleo de intereses y de proposiciones porque se propone hacer ciertas cosas, a partir de una visión del mundo (weltanchauung). Su razón de ser es la que concibe la candidatura, a partir de una doctrina que establece objetivos: es fundamental entender que el objetivo de la comunicación es el efecto. Entonces, hay objetivos y políticas que alcanzar y quien los define, es el candidato. Las políticas generan, necesariamente, la estrategia – el gran concepto general. Entonces, la estrategia se expresa en tácticas para implementarla en etapas. Se constituyen acciones sustantivas y acciones de comunicación. Pero, la comunicación no sustituye la falta de acciones sustantivas. Si, en la acción sustantiva, falla la campaña electoral, es iluso imaginar que por medio de la comunicación se puede engañar, sea como fuera, convenciéndolo de que se hizo lo que no se hizo. Más allá de eso, si las acciones sustantivas son débiles o inadecuadas, la comunicación, frecuentemente, genera efectos débiles o inadecuados: no por causa de una buena o mala comunicación, sino porque la propia acción sustantiva básica, de alguna manera, resultó imperfecta o deficiente.
3. ELECCIONES EN EL PASADO
Pero no siempre fue así. Cincuenta años de investigaciones y de sondeos han confirmado, con cierta incomodidad, las primeras sospechas de Bryce (1988) y Lippmann (1922) de que el grueso de la población en general, no se interesa y está desinformada sobre la mayoría de los asuntos que podrían considerarse temas públicos[13] . Casi 10% no presta atención, en absoluto, ni siquiera a las más evidentes y visibles campañas presidenciales. Es común la emergencia de votantes indiferentes a las elecciones presidenciales, un número cercano al 50%[14]. Aproximadamente el 66% de la población americana tiene poco o ningún interés por la política[15]. Cerca del 33% de las opiniones recogidas en sondeos a la población, son simplemente, respuestas sin ninguna reflexión o discusión previa[16]. Por otro lado, los sondeos permiten estimar cuantas son las personas que no tienen ninguna opinión sobre el tema, lo que no es una información trivial. El mero hecho de que las encuestas de opinión tengan un papel institucionalizado en la esfera política concede a la opinión de las masas un impulso creciente en la configuración de la política[17].
Una parte sustancial de la ciudadanía… ‘puede preocuparse’ por la manera en que se desarrollan las elecciones, y puede tener cierto ‘interés’ en las campañas. Esta forma de involucrarse suele llevar implícita la intención de acompañar el proceso político … aunque las actividades asociadas a este intento de involucrarse sean diferentes de las de aquellos públicos más atentos, cuyos miembros están bien informados y en contacto bastante directo con los procesos públicos (KEY, 1961)[18].
4. INDIFERENCIA
En Brasil, esta notable indiferencia, reconocida por el mercado y por la ABCOP – Asociación Brasilera de Consultores Políticos, entidad que realiza diversos estudios en el campo de la ciencia electoral y que divulga las experiencias de sus integrantes en congresos nacionales, cada dos años (actualmente en la novena edición), ya había sido estudiada tempranamente, por el profesor Cid Pacheco (NUMARK/ECO/UFRJ). Él argumenta que se trata de un fenómeno universal, y lo describe al enunciar las tres Leyes Fundamentales del proceso electoral, dando a la palabra “ley” un sentido relativo a la “alta-periodicidad”, y no el sentido absoluto de las leyes de la Física o de la Matemática.
La primera de ellas, es justamente la Ley de la Indiferencia, que habla sobre la normalidad de los cuadros electorales, marcados por pequeñas minorías a favor y en contra, y por grandes mayorías indiferentes que, con el avance de la elección migran hacia una de las otras posiciones, disminuyendo la indiferencia, en un proceso escalonado que va de la indiferencia a la indefinición, después a la indecisión, y a la simpatía, para finalmente llegar a algún tipo de adhesión moderada – donde predomina el centro moderado y no los extremos estridentes. La mayoría es silenciosa y sólo es incorporada artificialmente, por los estudios de opinión cualitativos y cuantitativos, previene el professor: “Muniz Sodré nos advierte que el ciudadano común percibe la política como una esfera metafísica en relación a sus intereses cotidianos, tiende a no creer que ella (la política) pueda transformar su vida. Para Mafesoli, la indiferencia es la actitud que torna a ese ciudadano inmune al discurso persuasivo de los políticos”[19].
Pero, si buena parte del electorado se inicia en la indiferencia, entonces ella procastina al máximo su decisión – la Ley de la Procrastinación o de la Máxima Postergación, según la cual, el interés de las masas por el proceso electoral sólo se intensifica en el período final, próximo a la fecha de la elección. Por último, la Ley de lo Efímero indica que el electorado de masas se direcciona a la inconstancia, a lo efímero y a la infidelidad. El gran victorioso de hoy puede ser el fracasado de mañana porque la preferencia del elector medio se transforma con una velocidad creciente: por eso, resulta necesario estar atento al timing de la elección – y crecer en el momento preciso.
5. CARNAVALIZACIÓN Y ESPETACULARIZACIÓN
¿Mientras tanto, si no es el discurso político racional el que mueve al elector, entonces qué es? Hay quien sugiere que la importancia del discurso político en los procesos electorales actuales es relativa, cediendo espacio al campo comunicativo – se habla de “política-seducción”, “política-publicidad” o “política-espectáculo”, modelos de comportamiento político-electoral, carnavalizados o espectacularizados, y cuestiones similares.
Cuando se intenta explicar la espectacularización democrática de la elección se buscan formas de relacionar conceptos socio-antropológicos de fenómenos como el del carnaval y la carnavalización de Bakhtin (1993); del grotesco de Da Matta (1983) y Sodré (1972); de la espectacularización de Debord (1997), Schwartzenberg (1977) y Balandier (1982); de la propaganda y del entretenimiento de Lipovetsky (2004), Sartori (2001), Gabler (1999), Muccieli (1978), Spinalt (s/d); de la política y de la ciencia electoral de Pacheco (1998), Bartlet (s/d.) y Domenach (1963), solamente por citar las cuestiones más importantes.
¿Cómo se relacionan carnavalización, propaganda, virtualidad y espectacularización, política y elecciones contemporáneas?¿El concepto bakhtiniano puede resistir a la acción del tiempo y del espacio? ¿Cómo queda la cuestión de la contextualización, objeto de tantas preocupaciones de Bakhtin? ¿Cómo se manifiestan la carnavalización y las espectacularizaciones en el contexto globalizante de las sociedades contemporáneas? Los efectos de la demografía y de la democracia sobre los conceptos de carnavalización y de grotesco en las nuevas sociedades de masas contemporáneas, en tiempos de globalización intensiva, suscitan una nueva visión sobre las cuestiones estudiadas por Bakhtin, que continúan despertando interés y provocando discusiones, prevaleciendo y manteniéndose vigentes desde mediados del siglo XX. Sus conceptos específicos de carnavalización y de grotesco ocupan un lugar relevante en el pensamiento contemporáneo. Una “nueva perspectiva” debería partir de una mirada, no sobre el pasado de las ideas de aquellos autores clásicos, sino ahora, orientada hacia su futuro. ¿A dónde irán de ahora en más? ¿Qué nuevos aspectos, cambios, evoluciones podrían ellas asumir – si es que ocurrieran? Al mirar hacia atrás, se percibe ( “se descubre”) que el tiempo presenta en la actualidad un cuadro social profundamente diferente, lo cual nos pone en la obligación de repensar la propia esencia de aquellos conceptos para actualizarlos.
¿En qué consiste esa diferencia? ¿Qué cambió? ¿Cuánto? El cambio principal se refiere a los aspectos cuantitativos: específicamente, a la demografía. ¿La carnavalización de aquellas pequeñas poblaciones clásicas y medievales – casi insignificantes frente a las grandes masas contemporáneas – continúa teniendo el mismo valor, significación y funcionamiento? No obstante, al lado de la demografía, se produce otro cambio, este cualitativo: la democracia. Adviértase que la carnavalización bakhtiniana “clásica”, se refiere a sociedades (especialmente la Medieval) de naturaleza Feudal, esencia autoritaria y forma aristocrática.
Repítase la pregunta en un contexto político: ¿la carnavalización, dentro de las pequeñas sociedades autoritarias que Bakhtin escogió como escenario para sus reflexiones, tendrá hoy el mismo valor, significación, funcionamiento y efecto para las macro-democracias masivas de la actualidad? Evidentemente, para Bakhtin, sus dos conceptos ya se encuadraban en una percepción atravesada por la conciencia de clases sociales y de lucha de clases. Finalmente, el pensamiento de Bakhtin se sitúa en una weltanchauung (visión del mundo) inevitablemente marxista, incluso, por imposición geográfica y temporal: de nacionalidad ruso y contemporáneo a un sistema soviético activo. Por lo tanto, la carnavalización y el grotesco son conceptos extensivos a la percepción política antropológica y sociológica de un determinado momento histórico. Pero, demográficamente, el mundo actual guarda poca similitud con las demografías clásicas, medievales – y hasta, con las del Siglo XIX. De la misma forma, políticamente, las macro-democracias de masas contemporáneas guardan poca similitud con las democracias clásicas (especialmente las Griegas y las Romanas) y menos aún, con el Feudalismo o el Absolutismo posteriores a los Siglos XIV y XV, y a la exacerbación de los totalitarismos del Siglo XX, sin hablar de los imperialismos de los Siglos XVI a XIX. Por este motivo, esa percepción requiere una revisión de los conceptos para su actualización a la modernidad corriente y viva. Este presente suscita un futuro – tan inevitable como el pasado: ¿qué acontecerá?
A título de ejemplo, si pensamos en los “nuevos gigantes”: China, India y Brasil ¿La carnavalización y el grotesco en estas nuevas sociedades de masas guardan aún afinidades, semejanzas o equivalencias con las “del tiempo pasado”? Y, si hablamos de futuro, deberíamos continuar… Piénsese, en este contexto, en perspectivas emergentes que preocupan a tantos pensadores, y que diseñan el horizonte de los nuevos “capitalismos autoritarios” donde China es el paradigma reconocido.
Vale la pena mencionar a Gat Azar[20] en un artículo notable: en la revolución demográfica, en plena explosión, surge una “revolución autoritaria inesperadamente capitalista”. De hecho, la masificación de la cultura popular, por vía de la masificación de los medios de comunicación, consagró una nueva estética de masas, a fin de cuentas, nada tan nuevo que no fuera percibido precozmente por Ortega y Gasset, y otros predicadores de las “rebeliones de las masas”. El cine, más tarde la televisión, consolidaron la difusión y la aceptación generalizada – e igualmente la imposición mediática – de estas nuevas estéticas populares que volvieron a la palabra “grotesco”, tal vez ahora inadecuada o injusta: la nueva estética no dejaba de ser estética, por ser popular, simplona y simplista, sino visceralmente democrática, por ser auténticamente originaria del “demos”, y no de las elites.
En cuanto a la carnavalización, se advierte otro camino. La carnavalización en la Edad Media actuaba como una válvula de escape que permitía una distensión de presiones sociales, a través de un proceso de inversión de valores que anulaba temporariamente, los mecanismos jerárquicos oficiales. El mecanismo se mostraba eficiente e importante, al punto de registrarse ritos y festejos populares europeos que se extendían hasta por tres meses. Esta carnavalización, forjada en un régimen social que desconocía los conceptos de Clase y Estado, ya asistía a su oficialidad en la práctica de una “teatrocracia” que regulaba la vida social – Shakespeare ya enunciaba una metáfora para este hecho: “el mundo entero es una escena” – un juego montado para revelar los juegos sociales.
Balandier corrobora la tesis. En “El poder en escena”, como advierte su prologuista, el Profesor Fernando Mourão, el autor describe los mecanismos a través de los cuales “lo político comanda lo real a través de lo imaginario, en un espectáculo donde las escenas se suceden, unas veces reflejando coacciones originadas en el pasado al nivel de la cultura, y otras como consecuencia de las transformaciones sociales, cuya inteligibilidad Georges Balandier conoce al alcanzar el nivel profundo de las relaciones sociales que darán sentido a la acción, a la par de las estruturas oficiales y las apariencias superficiales, controladas directamente por el poder”[21].
Esta es una tesis ya conocida por la Psicología Social y por la Propaganda, que reconoce como objetivos, o bien atraer el mayor número posible de personas indiferentes que reincidieron y reincidirán en su indiferencia después de un interés efímero en un proceso dentro de un determinado contexto político-electoral, o bien obtener no solo la participación en este proceso sino también la transformación y, quizás, la conversión, en mayor o menor medida, de las opiniones políticas.
Muccielli (1978) aborda la ”psicología de la propaganda política” y pone en evidencia innumerables veces la práctica de esta “teatrocracia”, citando a Domenach que pregonaba que “el espectáculo es un elemento esencial de la propaganda” – descubriendo de este modo el valor de las manifestaciones de masas organizadas con una grandiosa mise en scène – lección aprendida por Napoleón, Hitler y Goebbels, Mussolini y muchos otros[22]. De la “teatrocracia” al espectáculo, Debord, en “La sociedad del espectáculo” afirma el reinado de la apariencia que define la contemporaneidad y se presenta en una dimensión alienante a la que él llamó sociedad del espectáculo[23].
Este espectáculo domina la vida en sociedad, bajo “todas sus formas particulares”: información o propaganda, publicidad o consumo directo de entretenimientos. Y, que tiene en los medios de comunicación, su vitrina[24].
Sobre la espectacularización de la vida urbana, Freire Filho cita a Schwartz para recordar que en las últimas décadas del siglo XIX, la Ciudad Luz festejó orgullosamente su modernidad:
Principalmente, la posición de liderazgo en el ámbito de los espetáculos urbanos y la introducción de nuevas tecnologías y de formas culturales de masas […]. Tales modalidades de entretenimiento masivo echaban mano al sensacionalismo y a la espetacularización como recursos por medio de los cuales la ‘realidad’ era transformada en mercancía [25].
Freire Filho afirma que el empeño por modelar y representar lo banal y lo cotidiano como espectáculo, era ilimitado, y ejemplifica de que forma, espectacular. Autoridades municipales y nacionales, en conjunto con la prensa popular, transformaron la tarea (pretendidamente seria) de identificar cadáveres anónimos en la morgue parisiense en un entretenimiento con gran concurrencia – “un teatro gratuito para las masas”, que aparece en casi todas las guías turísticas de la ciudad y frecuentado por una multitud socialmente diversificada de, a veces, más de cuarenta mil personas en un único día. Otras ciudades europeas tenían sus morgues, pero solamente en París los cadáveres eran exhibidos detrás de una enorme ventana de vidrio, siete días por semana, desde el amanecer al anochecer. Vendedores de frutas y del famoso patê de la morgue se aglomeraban del otro lado de la calzada del tétrico punto turístico; cuando el local fue cerrado al público, en marzo de 1907, 40 comerciantes del barrio de Notre-Dame firmaron un petitorio advirtiendo, al consejo municipal, que la medida había prejudicado sus negocios[26].
Este hecho sitúa la emergencia de la sociedad del espectáculo coincidiendo con:
Un momento preciso de la historia de la cultura de consumo del siglo XIX, en que las nuevas formas y tecnologías de representación visual, constituidas de manera espectacular, pasan a mediar todas las relaciones sociales y a extender el carácter fetichista de la mercancía a todas las áreas de la vida, por medio de la diseminación de la imagen[27].
El autor señala el año 1927, como fecha del nacimiento de la Sociedad del Espectáculo, según Debord, citado por Crary (1998), para justificar tal elección:
Tres acontecimientos estarían implícitos en la elección de Debord: en el año 1927 ocurrió la innovación tecnológica de la televisión […] desde entonces, el espectáculo se tornaría inseparable de este nuevo tipo de imagen, caracterizado por la velocidad, ubicuidad y simultaneidad. … la llegada del cine sonoro (más específicamente, con sonido sincronizado)… un acontecimiento que traía consigo la integración vertical completa de la producción, de la distribución y de la exhibición en la industria cinematográfica y de su fusión con las grandes empresas propietarias de patentes de sonido. … la emergencia del fascismo y poco después del estalinismo, con sus conocidos modelos de espectáculo, muchas veces amparados por el uso sinérgico de todos los medios de comunicación de masas disponibles [28].
Más que sociedad, era el Estado espectáculo. Schwartzenberg comienza su obra, “El estado espectáculo”, separándola en tres partes: los personajes, el espectáculo, el público. Él dice, ‘La política, antes, eran las ideas. Hoy son las personas. O mejor, los personajes.
Pues cada dirigente parece elegir un lugar y desempeñar un papel. Como en un espectáculo’. A continuación explica:
Hoy en día, el espectáculo está en el poder. No sólo en la sociedad, dado el avance de este mal. Hoy, nuestras conjeturas ya no tienen como único objeto las relaciones del espectáculo y de la sociedad en general, como las que planteaba Guy Debord en 1967. Ahora es la superestructura de la sociedad, es el propio Estado que se transforma en empresa teatral, en ‘Estado espectáculo’. De una forma sistemática y organizada. Para divertir e ilusionar más al público de ciudadanos. Para distraer y desviar mejor. Y para transformar con mayor facilidad la esfera política en escena lúdica, en teatro de ilusión[29].
Con la masificación de los medios de comunicación, la televisión se transformó en el palco preferencial. Gabler, en “Vida, el film” afirma que:
Si el principal efecto de los medios de comunicación, a fines del siglo XX, fue haber transformado casi todo lo que era información en entretenimiento, el efecto secundario y básicamente más significativo fue forzar a casi todo a que se transformara en entretenimiento para atraer la atención de los medios de comunicación. En The Imagen, Daniel Boorsin acuñó el término ‘pseudo-evento’ para describir aquello que los servicios de relaciones públicas creaban para conseguir espacio en los medios de comunicación[30].
Ya a fines del siglo XX la concepción de pseudo-evento parecía anticuada. Actualmente, en Río de Janeiro, la prensa atribuye a César Maia (prefecto de la Ciudad) la habilidad de forjar “factoides”, una variación de los pseudo-eventos, tal vez, el pseudo- hecho para conquistar espacios en los medios de comunicación.
En poco tiempo se comprende que si un emprendimiento depende de la exposición, entonces, lo mejor es transformarlo en entretenimiento. De ahí, que la política adopta rápidamente estratagemas del show business. Gabler muestra varios ejemplos de esa comprensión por parte de la política, pasando por David Riesman, al comentar la campaña presidencial de Eisenhower (”siempre que vemos el magnetismo en el objeto de las atenciones, debemos sospechar de una apatía básica por parte del espectador”) y Richard Schickel, sobre Kennedy. En esta situación, se observa el reconocimiento del candidato y de sus agentes, de que las deudas y las alianzas tradicionales dentro del Partido y entre los diferentes grupos externos de interés, tenían, en la era de la televisión, un significado menor para vencer una elección, y hasta para gobernar, que la creación de una imagen con la ilusión de dinamismo masculino, sin por ello, sacrificar los afectos existentes. Raymond Price explicaba a Nixon que “el elector es básicamente prejuicioso, básicamente no está interesado en hacer un esfuerzo por entender de qué estamos hablando: las impresiones son más fáciles”, y muchos otros asesores políticos se posicionan de la misma forma, como Dick Morris y Ed Rollins[31].
La vídeo-política es el reconocimiento definitivo de la televisión ella es al mismo tiempo entretenimiento, distracción, información y diversión. Sartori acuña la expresión video-política en Homovidens [32] y demoniza las encuestas de opinión al servicio de la video – política.
Finalmente, a partir de la década de 1950, la publicidad se apoderó de las elecciones cuando el marketing fue reconocido como herramienta e instrumental básico al servicio de la política y de los políticos. En la última década que antecedió al cambio de siglo, la desmasificación, la globalización, la fragmentación o granulación llevaron al proceso electoral a su máxima sofisticación hasta entonces.
Lipovetsky, en el capítulo especial de “El imperio de lo efímero – La publicidad muestra sus garras” – describe el inicio de la publicidad en la política[33]. Recuerda, en el comienzo del capítulo, que desde 1980 en Francia el Estado podía considerarse como el primer anunciante con una publicidad de servicio público y de interés general. En esta concepción se asiste a la espectacularización de la propaganda porque se comienza a comprender la posición y el efecto profundamente democrático del momento publicitario donde trabajan los propios principios de la moda: la originalidad a cualquier precio, el cambio permanente, lo efímero. Se inicia una corrida interminable para lo inédito, el efecto, lo diferente para captar la atención y la memoria de los consumidores. Respeta, sobre todo, la regla imprescindible de la legibilidad inmediata de los mensajes, en una comunicación en exceso controlada donde lo superlativo es siempre ponderado por el juego y por el humor. Se presencia el objetivo de persuadir al consumidor en base a la credibilidad de los mensajes por medio de una publicidad que se sitúa “más allá de los verdadero y de lo falso”, que su registro era el de la “verosimilitud”, no el de la verdad [34] ; cada vez más irreal, fantástica, delirante, divertida, extravagante. Es la era de la publicidad creativa. Es la evasión: apoteosis de la seducción que proviene de la suspensión de las leyes de lo real y de lo racional, del retiro de la seriedad de la vida, del festival de los artificios.
El autor prosigue explicando que la publicidad poetiza el producto y la marca, idealiza lo trivial de la mercancía y descubre el lenguaje de la propaganda como una forma de lenguaje poético (antiguo concepto de João Moacir de Medeiros, uno de los primeros publicistas brasileros), que no fascina al Homo psychanalyticus sino al homo ludens – su eficacia se vincula a su superficialidad lúdica, no precisa ser descifrado, todo está allí inmediatamente: supresión de la profundidad, celebración de las superficies, la publicidad es ostentación de lo lúdico, futilidad del sentido, es la inteligencia creativa al servicio de lo superficial.
Pocos perciben que en la publicidad se produce una inversión que, cuando no es percibida, puede provocar un equívoco fundamental: lo lúdico pasa a ser lo profundo, y lo racional, lo superficial.
Para Lipovetsky, la publicidad sabe adaptarse rápidamente a estas transformaciones culturales. Consiguió construir una comunicación acorde con el gusto por la autonomía, la personalidad, la calidad de vida, eliminando las formas pesadas, monótonas. La propaganda es placer – el resto es tedio. El autor avanza y profundiza la cuestión.
Respecto a la propaganda política, él señala que la política cambió de registro, fue en gran parte incorporada a la seducción ya que todo se hace para dar a los dirigentes una buena imagen basada en la simpatía, la calidez y la competencia. Un fenómeno de atracción emocional… es la fiesta. Avisos agresivos, solemnes, pesadamente simbólicos, cedieron lugar a la sonrisa… corbatas al viento. Ya no basta decir la verdad, es necesario decirla sin aburrir, con imaginación, elegancia y humor. La “política espectáculo” oculta los problemas de fondo, sustituye los programas por el charme de la personalidad, entorpece la capacidad de raciocinio y de juicio en provecho de las reacciones emocionales y de los sentimientos irracionales de atracción y empatía. Transforma hasta los propios contenidos de la vida política ya que se apunta al electorado más amplio y los discursos políticos tienden a disipar los aspectos más controvertidos de sus programas, a buscar una plataforma indolora, satisfactoria para casi todos.
Para él autor, se asiste a un proceso de uniformización y de neutralización del discurso político… matar la política (porque el elector la odia). No se puede sostener más la célebre tesis two step flow of communication, la doble corriente de la comunicación, afirmando que la influencia de los medios de comunicación es débil, que es menos importante que la comunicación interpersonal, que sólo los líderes de opinión son verdaderamente expuestos a los medios de comunicación (teoría que data de 1940). Los ciudadanos se identifican de manera cada vez menos fiel con un partido, y el comportamiento del elector y del consumidor, pragmático e indeciso, se aproximan.
6. ESPECTACULO Y ELECCIONES
Desde hace mucho tiempo se sabe que los medios de comunicación difícilmente, consiguen debilitar a los ciudadanos convencidos, más es lo que refuerzan las opiniones que lo que las alteran, pero tienen un papel no menospreciable sobre la categoría de electores que son fluctuantes, los individuos poco motivados por la vida política. Es sobre esta franja donde se ejerce plenamente, el proceso de seducción. En el transcurso de una campaña electoral se operan notables modificaciones de intención de voto entre los indecisos, electores irresolutos, aquellos que determinan el resultado del escrutinio final [35].
El papel del marketing está destinado a ganar importancia. La seducción, para Lipovetsky, contribuye al mismo tiempo, a mantener y a enraizar de manera duradera, las instituciones democráticas. Adoptando una forma espectacular, el discurso político se torna menos versado, menos extraño; aquellos que no se interesan por él pueden encontrar allí cierto interés, aunque sea no político. Él sólo se interesa por lo no político. Contrariamente a las tesis de los detractores del estado-espectáculo, no hay que trazar una línea de demarcación rígida entre información y diversión. La seducción torna al debate que envuelve el todo colectivo menos desagradable, más normal y más común, permite a los ciudadanos al menos, escuchar. Es antes el instrumento de una vida política democrática de masas que el opio del pueblo. Hace de la instancia política una pura institución humana liberada de toda transcendencia divina, de todo carácter sagrado. El Estado, se vuelve expresión de la sociedad, cada vez más debe parecerse a ella, renunciar a los signos, rituales y aparatos de su desemejanza arcaica. Los representantes del poder darán un paso adicional en el camino secular de supresión de la alteridad del Estado. El poder esta hecho de la misma carne que los hombres [36].
¿A qué transformaciones el espectáculo, la “política espectáculo”, o la “elección espectáculo” estarán sujetos en esta nueva fase?
Como demostramos hasta aquí, muchos autores dialogan. La prioridad del placer y la consecuente consagración del entretenimiento como búsqueda y preferencia centrales de la vida contemporánea, son hoy, el eje que define las macro culturas populares de este siglo XXI que se inicia. Se abre un abanico de cuestiones y provocaciones sobre el tema de la ‘elección-espectáculo” y la mediatización de la política en las elecciones contemporáneas, que gana vida y fuerza en el estudio de casos concretos. Se abre un amplio camino para la investigación empírica [37].
Pero un aspecto se confirma: el espectáculo entró en la escena electoral y vino para quedarse.
El desafío de entender el discurso electoral impone la comprensión de la naturaleza y de los procesos de formación de la opinión individual y pública en el mundo contemporáneo. La teoría evidencia que, en contrario de lo que muchos parecían creer, en contra las predisposiciones ninguna manipulación prospera, como preconizaba el profesor Cid Pacheco. Es frecuente la mistificación de la opinión pública, atribuyendo importancia y papeles equivocados al concepto, tan hablado y citado, cuanto poco comprendido y estudiado.
El discurso político viene viviendo sus días de desvalorización, dejando de ser la fuerza mas relevante del proceso electoral contemporáneo? El discurso es siempre político, y las ideas en el contenidas es que tienden a expresar mayor o menor consciencia social colectiva.
Entonces la expresión electoral es que, eventual y políticamente, opta por direccionarse de forma a concientizar menos el elector y seducirlo por medio de la búsqueda de la empatía por el candidato, este si, siempre posicionado políticamente, mismo que, eventualmente, de forma mascarada por la estrategia publicitaria a ser adoptada.
En nuestros días parece mismo que la democracia es una unanimidad − es atribuida a Churchill la afirmación de que: “la democracia es la peor forma de gobierno, salvo todas las otras formas que tienen sido experimentadas de tiempos en tiempos”. Y aún, que el sufragio, instrumento de ordenación democrática, en un dado momento histórico pasa a sufrir modificaciones en su discurso. En una sociedad de masa con orientación democrática, el proceso electoral tiende a ser marcadamente regido por el discurso seductor, en el cual parece imponerse la óptica del espectáculo, o de la espectacularización. Es como se en la practica se disociase el lugar de la política por intermedio del uso técnico de la propaganda y del discurso publicitario en el proceso de espectacularización del discurso electoral.
Eses fenómenos son visibles en el caso de la Venezuela de Hugo Chávez en sus varios sufragios en los últimos años. Varios aspectos históricos influenciaran las campañas de comunicación de los sufragios venezolanos.
Parece evidente que el mayor obstáculo al desarrollo de Venezuela, desde sus orígenes, fue su incapacidad de alcanzar una estabilidad política mas duradera, que proporcionase paz y permitiese condiciones mínimas para el desarrollo político, económico y social. La  instabilidad siempre fue acentuada, y por veces, violenta, y los prejuicios resultantes, inmensurables, soportados mayoritariamente por los mas humildes, tanto en valores materiales cuanto en vidas – la gente siempre pago esa cuenta.
Tal constatación vale para diversos momentos de la historia venezolana, desde la colonización hasta los días de hoy, pasando por la independencia, implantación de la república, fases agropecuaria y petrolera, hasta la Quinta República de Chávez. El Caracazo es apuntado como el evento seminal del Movimiento Bolivariano 200 de Chávez y sus compañeros. Parecerá al pueblo venezolano, en especial en sus camadas mas humildes, que el gobierno Chávez es el primero vuelto efectivamente para el pueblo.
Esa percepción, evidenciada al largo de la historia venezolana, tal vez sea la explicación del amor de la gente por Chávez a punto de sus seguidores arriesgaren la propia integridad física en las espectaculares manifestaciones de protesto en contra un golpe de estado e exigencia del retorno de su presidente al Gobierno, como ocurrido en el golpe de abril de 2002. El examen del Referendo Revocatorio Presidencial de Hugo Chávez flagra una oposición convicta de su favoritismo y de la posibilidad de victoria, en funcione de los diversos desgastes recen vivenciados por Gobierno, con los muchos paros y crises institucionales, y del clima de inseguridad vigente a la época, de modo a partir para la ofensiva y provocar el Referendo Revocatorio Presidencial. La situación, por su vez, como que apostando en la respuesta favorable, ya demostrada en un pasado reciente, de un pueblo que idolatra su presidente, opta por una estrategia de campaña con discurso emocional y espetacularizado para responder a la provocación de la oposición y llamar el pueblo a las  urnas por el NO. La campaña victoriosa por el NO, para mantener Chávez en el poder, opto por un abordaje francamente emocional: ¡Uh Ah! ¡Chávez NO Se Va! Victoria de 59% a 40% con 30% de abstención.
Siguieran se en la trayectoria electoral y política de Venezuela, varios sufragios, destacando la reelección de Chávez, con o tema también emocional e espectacularizado, “Por amor à Venezuela”, por un lado, e por otro, el Referendo Constitucional, marcado por alta incidencia de discursos educativo-informativos, con altos índices de racionalidad textual y, prácticamente, casi abandono de la táctica de espectacularización – el primero victorioso, y el segundo la única derrota electoral de Chávez, desde a su primera elección en 1998. Por fin, la última y mas reciente victoria de Chávez en 2012, con la campaña, igualmente emocional, “Chávez Corazón de Mi Patria”, firmada por el publicitario brasileiro João Santana, capaz de lograr éxito mismo con Chávez a media fuerza por la limitación de salud.
ELECCIONES VENEZOLANAS SIN CHÁVEZ
Tan luego reelecto presidente para el periodo 2013-2018, Chávez empieza sin descanso, el proceso electoral regional para la escogencia de los nuevos gobernadores de estado de Venezuela, en juego la elección de gobernadores de los veintitrés estados venezolanos, dieciséis chavistas y siete opositores: Amazonas, Carabobo, Lara, Miranda, Nueva Esparta, Táchira y Zulia. Las incertezas sobre la involución de un cáncer, que Chávez ya había garantizado tener vencido, colaboran para llenar el clima mas tenso.
Para Chávez y su partido, el PSUV, esta en juego la posibilidad de avanzar con el proyecto de modificar las reglas geopolíticas del país y de crear estados comunales. Para la oposición, la definición de los protagonistas de la transición política que parece estar a punto de iniciarse en el país. Conforme Ignacio Avalos del observatorio electoral venezolano, lo importante era preservar a los gobiernos de Zulia y Miranda, y en el mejor escenario conquistar Mérida (donde el chavismo estaba dividido), Lara (gobernada por el ex chavista Henry Falcón), Monagas (en manos de un chavista disidente), y Bolívar (donde el partido gubernista estaba dividido). En Miranda el ex candidato presidencial Capriles tiene como rival el ex vice-presidente Elías Jaua, para, en el caso de victoria, acreditarse como el candidato único de la oposición en las elecciones presidenciales contra el chavismo, y en el caso de derrota, según opinión de muchos analistas, tornarse “descartado”. En Zulia, el opositor Pablo Pérez, busca la reelección. El ya había disputado las primarias presidenciales de la oposición. Si Capriles perdiera en Miranda y Pérez venciera en Zulia, el segundo ciertamente tentaría tornarse el candidato de la oposición en la próxima presidencial (Figueiredo, 2012, p.49).
Mas, el sábado, 8 de diciembre del 2012, a poco mas de una semana de las elecciones regionales, el presidente Hugo Chávez, en cadena nacional, solicita permiso para ausentarse de la presidencia, a fin de someterse al tratamiento medico quirurgico del cáncer e indica el vicepresidente Nicolás Maduro para encargarse de la presidencia, e inclusive para su sucesor en el caso de que algo le ocurriera. Autorizado por la Asamblea Nacional, Chávez se somete días después, a la cuarta cirugía y se queda en recuperación hasta el final de año. Diosdado Cabello, presidente de la Asamblea Nacional, apela a todos: el Presidente nos dio una instrucción y tenemos que hacer un esfuerzo para conquistar los veintitrés gobiernos regionales. Vamos a dar ese regalo [a Chávez] para que su recuperación sea tranquila”(Figueiredo, 2012,p.49).
La estrategia adoptada por el comando de campaña del PSUV asume la opción por el discurso emocional y espectacularizado. Es prácticamente adoptado por todo el país. Así, el domingo 16 de diciembre es marcado por alto índice de abstención: 46,94%. No obstante este índice medio, Venezuela elige mayoritariamente a los candidatos gubernistas. El PSUV elige a sus candidatos en 20 de los 23 estados venezolanos, solo perdiendo en Amazonas, Lara y Miranda.
Todavía, el mandato 2013-2019 de Hugo Chávez quedaría amenazado por la incapacidad del presidente asumir el cargo en 10 de janeiro de 2013. El destino cambió nuevamente el rumbo político de Venezuela, de esa vez amenazando anticipar las elecciones presidenciales de 2019 para 2013. Segundo la orientación constitucional venezolana, caso el presidente electo Hugo Chávez no esté habilitado para tomar pose del cargo, nuevas elecciones presidenciales deberían ser llamadas. Se confirmadas la hipótesis de nuevas elecciones, sería razonable suponer que el chavismo traería a Nicolás Maduro, candidato indicado por el propio presidente Chávez, y la oposición Henrique Capriles, el candidato que “dio una cara” a la oposición, unificando-a. Venezuela asistía al inicio de 2013 a la discusión entre chavistas e antigobiernistas sobre la legalidad de un adiamiento de la pose de Chávez prevista para 10 de janeiro, tese defendida por el gobierno brasileiro, basada en las declaraciones del asesor internacional de la Presidencia de Brasil, Marco Aurélio Garcia, de que, como el presidente fue reelecto, no habría  un proceso de des continuidad si el no tomase pose formalmente en la data prevista. Para Garcia, “no se trata de que un nuevo presidente fue electo y, por tanto, se va extender el mandato del antiguo. Es lo mismo presidente que está sucediendo a si propio” (Odilla, 8 jan. 2013).
El inicio del chavismo sin Chávez
Cuanto mas tiempo se pasaba, mayor era la tensión en Venezuela, hasta las 16h25 de martes, el 05 de marzo de 2013, cuando Hugo Chávez en su lucha contra el cáncer es acometido y vencido por un infarto fulminante.
Así como el  “varguismo” brasilero sobrevivió décadas a la muerte de Getúlio (en 1954), y el  “peronismo” influencia la política argentina hasta hoy, nascía el chavismo sin Chávez, que ya marcara definitivamente a la historia política venezolana. Y con él el mito mito Chávez.
De hecho, Venezuela asistiría disputas electorales entre chavistas e oposicionistas.
La primera, marcada para 14 de abril de 2013, puso frente a frente, Nicolás Maduro, heredero político de Chávez y Henrique Capriles, indicado por la oposición, su candidato natural a enfrentar el Socialismo Bolivariano. Maduro mantiene la línea de la espetacularización y del discurso emocional. La campaña presidencial de Venezuela, por sus características especiales de tiempo y circunstancia, demandaría estrategia distinta de una campaña electoral común. Más rápida, dinámica e inevitablemente polarizada, no era como una campaña electoral tradicional que podría ejercitar y desarrollar una evaluación racional de ventajas y desventajas, de cada uno de los candidatos. El objetivo era otro. Se trataba de, casi automáticamente, traducirse en el voto por Maduro toda la carga de significados de la revolución bolivariana, con sus características nacionales, populares y humanistas, en un movimiento de afirmación de Venezuela, y de su gente. Traducir, por el voto por Maduro, lo que la expresión “por amor”induz: una posición de reafirmación de la opción de Chávez.
Aceptar la provocación e incitación al embate direto, en términos de comunicación de marketing, podría llevar la campaña a un error fatal frente a un adversario potencialmente poderoso en todos los campos y que podría se utilizar de casi todo. El gran desafio que se presentaba era el de transformar la aceptación natural de la lucha y del embate en simple recordación de que Maduro es el fiel depositario del legado de Chávez, indicado por e propio presidente. No una recordación agresiva o reivindicatoria, mas un recuerdo firme y amoroso que fuese capaz de traducir confianza, esperanza y, porque no, orgullo. Y ¿porque Maduro? Simplesmente porque Chávez así lo indicó. Por amor al pueblo. Por amor a Venezuela. Desde su corazón.
En 14 de abril, de corazón, por Chávez, los electores confirmaran Maduro por una Venezuela más grande para todos los venezolanos.
Política aparte, el próximo confronto está marcado para diciembre de 2013, en las elecciones municipales, para alcaldes y concejales.
Las experiencias y los enseñamientos de los sufragios venezolanos permiten observar, confirmar y hasta validar una serie de hipótesis y principios del marketing electoral. Así, solo a título de ejemplo, pódese identificar y localizar, en los sufragios venezolanos, los tres estados del elector, apuntados por Paul Lazarsfeld, el cristalizado, el fluctuante y el indiferente. El cristalizado, resistente a los cambios porque ya tiene posición definida, es minoritario y no decide una elección. La  propaganda debería volverse, entonces, a los fluctuantes y indiferentes, principalmente los retardatarios (los últimos a decidir). Porque la indiferencia es marcada en los procesos electorales, la elección es un proceso de administración de la indiferencia, como hay años viene defendiendo los comunicadores especializados en campañas electorales. Si buena parte del electorado iniciase en la indiferencia, entonces, ella tendería a la inconstancia y al adiamiento máximo da su decisión (Leyes de la Indiferencia, de la Efemeridad y de la Procrastinación, todas ya explicitadas). Eso hace de la elección un proceso oligopolitico – no alejo a la política, mas flacamente político, tornando la política una vertiente menor, no momento electoral. Tal afirmativa es tanto mas verdadera cuanto mas urbana y popular la elección.
Muchas otras observaciones de carácter especulativo podrían – y deberían – ser hechas, lo que nos abriría vasto camino para el estudio especializado en la comunicación política electoral, una tarea tal vez oportuna para la continuación de nuestras análisis.
Entretanto acá, el cerne de la cuestión, diferente de ser o de desmerecer al discurso político en los procesos de comunicación o de los sufragios latinoamericanos o otros sufragios cualquier, es tener en cuenta que en las situaciones en que, a las vísperas de los sufragios, las diferencias entre los concurrentes sean poco significativas y los segmentos de indecisión y indiferencia, frecuentemente, bastante superiores a aquellas diferencias, la decisión del sufragio se hará por el público indeciso e indiferente por medio de lo discurso espetacularizado que, a eses públicos, habla mas alto que el discurso politizado, como se observó en los cases venezolanos. Finalmente, por todo que se ha demostrado, parece mismo que es de esa forma que también deberían los acontecimientos sucederse mas a frente.
Entonces, el lado competidor que mejor adecuase su discurso en el sentido de la seducción, mas fácilmente prosperará. Tal enunciado balería no solo para los sufragios venezolanos y latinoamericanos como para cualquier sufragios contemporáneos en que la disputa envuelva el proceso decisorio de una masa urbana y popular, mayoritariamente indiferente e indecisa. En eses casos, el discurso fuertemente político será menos eficaz para persuadir, ya que el público estaría menos inmune, y mas abierto, a un discurso emocional e espectacularizado. Todo lo restante, es política.
Así parece.
 
 
 
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[1] Consultor internacional en Comunicación, Opinión Pública, Investigación y Ciencia Electoral (psephologia). Director de la ABCOP – Asociación Brasilera de Consultores Políticos, de la POLITICOM – Sociedad Brasilera de Profesionales e Investigadores de Comunicación y Marketing Político, y de la ALICE – Asociación de Investigadores de Campañas electorales. Profesor Adjunto de la ECO-UFRJ – Escuela de Comunicación de la Universidad Federal de Rio de janeiro, Brasil, donde coordina el NUMARK – Núcleo de Marketing y enseña diferentes disciplinas, entre ellas, Comunicación Política y Electoral – Técnicas, Expresiones y Lenguajes.
[2] El término psephology [del Griego psephos (piedras) + -logy (estudio) porque los griegos antiguos usaban piedras para registrar votos en las elecciones – http://wordsmith.org/words/psephology.html consultado en 19/01/2011] En portugués: psefologia, fue acuñado en Inglaterra en 1952 por el historiador R. B. McCallum para describir el análisis científico de las elecciones pasadas. Psefología también tiene varias aplicaciones específicas en el análisis de resultados electorales. Entre los más notables psefologistas se encuentran los australianos Antony Green y Malcolm Mackerras (quien desarrolló el Mackerras Pendulum); los americanos Michael Barone (que publicó The Almanac of American Politics bienal desde 1972) Nate Silver cuyo website FiveThirtyEight.com avala tendencias electorales americanas, David Butler y Robert McKenzie, que desarrollaron el swingometer. Ver http://en.wikipedia.org/wiki/Psephology consultado en 19/01/2011. En Brasil, la ABCOP – Asociación Brasilera de Consultores Políticos, y el NUMARK – Núcleo de Marketing de la Escuela de Comunicación de la Universidad Federal de Río de Janeiro, desde el inicio de la década de 1990, adopta el término ‘Ciencia Electoral’ en alusión a un estado más desarrollado de la aplicación de las técnicas de marketing a una elección – el marketing electoral.
[3] En 1960, Kennedy venció a Nixon por una diferencia de menos de 80 mil votos un pequeño margen, en el Colegio Electoral.
[4] En 1968, Nixon venció la elección contra el democrata Hubert Humphrey y en 1972, fue reelecto con abrumadora mayoría en el Colegio Electoral (520 votos a 17), sobre el oponente George McGovern.
[5] En 1965, obtuvo 44,8% de los votos en la segunda vuelta y perdió con Charles de Gaulle. En 1972, fue derrotado por Valéry Giscard d’Estaing.
[6] En 1981, venció a Valéry Giscard d”Estaing tornándose el primer socialista que llega a la Presidencia de Francia y en 1988, fue electo para un segundo mandato.
[7] En el 2002, venció a José Serra y en el 2006, le ganó a Geraldo Alckmin. Consultar también PANKE, 2005.
[8] En 1989, perdió con Collor de Mello y en 1994 y 1998, con Fernando Henrique Cardoso.
[9] PACHECO. 1954: el año en que el marketing electoral comenzó en Brasil. En: MANHANELLI, 2008.
[10] Barack Obama, con 51,8% de los votos contra 47,3% de McCain, fue electo el primer presidente negro de los EUA.
[11] En 1998, Chávez fue electo con 56% de los votos. En 1999, una nueva Constitución fue aprobada en plebiscito por 71,21% de los electores. En el 2000, Chávez fue reelecto presidente de la República, con 59,7% de los votos. En el 2004, en Referendo Revocatorio, con 58,25% de los votos, el pueblo venezolano decidió la permanencia de Chávez en el Gobierno, hasta el fin del mandato. En el 2006, Chávez fue reelecto con 62.9% de los votos. En el 2007, el pueblo venezolano rechazó las enmiendas a la Constitución de Venezuela, propuestas por Chávez, por poco más de 50% de los votos con la abstención de 44,9% del electorado.
[12] Hay tres factores claves que constituyen una de las más importantes herramientas para conducir una campaña y entender al elector: (1) la investigación, para saber lo que las personas están pensando; (2) la investigación, sobre la cual se construyó toda la estrategia electoral; e (3) la investigación, factor instrumental por excelencia que permite el desarrollo táctico de la operación electoral. Más que aliada, la investigación es la actividad esencial en la base del desarrollo de la estrategia de una elección.
[13] Ver, por ejemplo, ERKSINE, 1962 e 1963.
[14] KEY, 1961.
[15] NEUMANN, 1986 ; KINDER & SEARS, 1985.
[16] BISHOP; OLDENDICK; TUCHFARBER E BENNET, 1980; GRABER, 1982; NEUMANN, 1986.
[17] SABATO, 1981.
[18] BRYCE, J. The american commonwealth, v. 3. Londres: Macmillian, 1888. LIPPMANN, W. Nueva York: Harcourt Brace Javanovich, 1922.
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[19] PACHECO, 2004, p. 92.
[20] AZAR, Gat. “The rise of authoritarian capitalism”, Foreign Affairs, n. 84, p. 59, jul/ago. 2007.
[21] BALANDIER, 1982.
[22] MUCCIELLI, 1978.
[23] En “La Sociedad del Espectáculo” (1960) y, después, en los comentarios sobre la sociedad del espectáculo (1988), Debord presenta en nueve capítulos, 221 tesis que sintetizan los trazos generales característicos de las sociedades regidas por el espectáculo. Para él, el espectáculo sería el modo de representación en el cual las imágenes se autonomizan y ganan vida propia, rigiendo la existencia concreta de las personas, que se tornan simples espectadores de un “pseudomundo”, mero objeto de contemplación’ (§ 2). “El espetáculo no es un conjunto de imágenes, sino, una relación social entre personas, mediada por imágenes”. (§ 4)
[24] DEBORD, 1967.
[25] SCHWARTZ (1995) apud FREIRE FILHO, João. Uso [e abusos] do conceito de espetáculo na teoria social e na crítica cultural. En: FREIRE FILHO João; HERSCHMANN, Michael (orgs), 2005.
[26] FREIRE FILHO, João. Uso [e abusos] do conceito de espetáculo na teoria social e na crítica cultural. En: FEIRE FILHO João; HERSCHMANN, Michael (orgs). 2005. p. 17.
[27] Id., p. 26.
[28] CRARY (1998) apud FREIRE FILHO, João. HERSCHMANN, Michael, 2005, p. 26.
[29] SCHWARTZENBERG, 1977. p. 9.
[30] GABLER. 1999, p. 96.
[31] GABLER, 1999.
[32] SARTORI, 2001.
[33] LIPOVETSKY, 1989.
[34] BOORSTIN, Daniel. L’Image. Paris: UGE, 1971.
[35] CAYROL, Roland. La novelle communication politique. Paris: Larrousse, 1986, p. 10, 155-6
[36] SCHWARTZENBERG, 1977
[37] Como, por ejemplo, la investigación doctoral del autor. Sufrágios epetacularizados: os referendos e eleições venezuelanos (1998-2010), defensa presentada en abril del 2011, en la ECO/UFRJ.
 

Arte SERPA, Marcelo H. N. Propaganda e interdisciplinaridade. V. Pós defesa. Rio de Janeiro: UFRJ, 2001. 179 p. Dissertação (Mestrado) ANEXO 2
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Propaganda e interdisciplinaridadeConclusões SERPA, Marcelo H. N. Propaganda e interdisciplinaridade. V. Pós defesa. Rio de Janeiro: UFRJ, 2001. 179 p. Dissertação
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